La revolución de las ómicas y la inteligencia artificial para comprender la depresión y el suicidio
La depresión es un padecimiento que pudiera parecer invisible entre las personas: compañeros de trabajo, parejas, amigos; y ni siquiera sabes si la padecen hasta que se hospitalizan o atentan contra su vida.
La depresión afecta a un 17 % de la población mundial y un 53 % de las personas con depresión tienen ideación suicida. Esto quiere decir que más de la mitad de las personas con depresión han tenido pensamientos suicidas. De este porcentaje, un 31 % ha intentado suicidarse; esto es, casi una de cada tres personas. Estamos ante una cifra importante: de las personas con depresión, aproximadamente un 15 % se encuentra en riesgo de suicidio.
Un problema que todavía no comprendemos completamente
La depresión tiene bases biológicas profundas, con un funcionamiento en el cerebro que todavía no logra explicarse completamente.
A pesar de tantos estudios y de la inversión destinada a la ciencia, todavía no se ha comprendido completamente qué causa la depresión y el suicidio. No se ha logrado tener un diagnóstico preciso, un tratamiento efectivo y, lo más delicado, una prevención justo a tiempo.
Y es que los tratamientos actuales pueden funcionar para algunas personas, pero no para otras.
Sin embargo, actualmente existen tecnologías revolucionarias y los investigadores se encuentran avanzando de manera impresionante.
Un artículo publicado por Qingzhong Wang y Yogesh Dwivedi en la revista Translational Psychiatry en 2025 reveló importantes avances científicos sobre la depresión y el suicidio a través de tecnologías vanguardistas como la genómica, la transcriptómica, la epigenética y la inteligencia artificial.
Pero ¿a todo esto qué es la revolución de las “ómicas”?
¿Qué son las “ómicas”?
Lo que la neurociencia ha descubierto es que el cerebro de una persona con depresión no es igual al de una persona sin depresión. Así que no solo es una cuestión de debilidad humana o falta de voluntad para estar bien. Es el resultado de cambios biológicos reales en el cerebro, esto puede afectar la forma en la que una persona se percibe y en cómo toma decisiones.
Incluso, la depresión entre hombres y mujeres es diferente. Esto ya nos puede dar una pista de que una mujer puede necesitar un tratamiento diferente al de un hombre.
Las nuevas tecnologías permiten estudiar la enfermedad desde diferentes niveles biológicos. Podemos analizar los genes, su expresión, los cambios epigenéticos e incluso observar qué sucede dentro de las células.
Aquí comienza la revolución de las “ómicas”.
El ADN: lo que heredamos
Vamos a comprender primero el ADN.
El ADN es lo que heredamos de nuestros padres y, en términos generales, permanece estable. Sin embargo, que un gen exista no significa necesariamente que esté funcionando.
Aquí aparece un concepto fundamental: la expresión génica.
La expresión génica permite visualizar a los científicos qué genes se encuentran activos en el cerebro de una persona con depresión, cuáles están apagados, cómo el estrés y el trauma pueden cambiar la actividad de determinados genes y qué genes se comportan de manera diferente entre hombres y mujeres.
Esto nos permite comprender que no solamente importa qué genes tenemos, sino también cómo están funcionando.
Los reguladores ocultos: el ARN
Pero aquí aparece algo todavía más interesante.
Existen reguladores ocultos, como ARN que no fabrican proteínas. Este es un descubrimiento reciente. Anteriormente, los científicos pensaban que el ARN solo servía para fabricar proteínas, pero actualmente han descubierto que algunos tipos de ARN actúan como interruptores que encienden o apagan otros genes.
Por ejemplo, los microARN son pequeños interruptores que pueden apagar genes completos.
Para una persona que se encuentra deprimida, podemos decir que algunos microARN están descontrolados.
Por ejemplo, un microARN llamado miR-1202 está disminuido en la depresión, y los antidepresivos lo que hacen es aumentarlo.
Algunos otros microARN pueden predecir quién va a responder a un antidepresivo o quién no.
Esto es importante para los médicos, ya que podrían llegar a predecir, a través de un análisis de sangre, si un paciente va a responder a un antidepresivo específico.
Y aquí es donde la medicina comienza a acercarse a un escenario mucho más personalizado.
¿Y qué papel juega la inteligencia artificial?
Ahora bien, ¿a todo esto qué papel juega la inteligencia artificial?
La inteligencia artificial puede detectar patrones y encontrar combinaciones de genes que aparecen asociadas con la depresión.
Puede decirnos, con al menos un 90 % de precisión y mediante un análisis de sangre, quién padece depresión. También puede identificar el riesgo de suicidio encontrando marcadores que distinguen a quienes tienen ideas suicidas de quienes no las tienen.
Existen algunos estudios que han logrado predecir si alguien tiene depresión con un 100 % de precisión solo con análisis de sangre.
Esto abre una posibilidad extraordinaria: utilizar grandes cantidades de información biológica para encontrar patrones que serían prácticamente imposibles de identificar mediante el análisis humano tradicional.
De estudiar el cerebro a estudiar cada célula
Ahora bien, las nuevas tecnologías permiten analizar célula por célula para ver qué está sucediendo con las neuronas y con las células inmunitarias del cerebro.
Incluso, han descubierto qué tipos de células se ven afectados de manera diferente con la depresión.
Esto cambia nuestra manera de entender la enfermedad.
Entonces, la depresión no es solo una enfermedad; son muchos factores interactuando: los genes que se heredaron, el estrés que has vivido, los cambios epigenéticos, la inflamación, los cambios en los neurotransmisores, entre otros.
La depresión puede ser el resultado de una interacción compleja entre diferentes sistemas biológicos y ambientales.
¿Hacia dónde nos puede llevar esta revolución?
Ahora imaginemos el futuro.
Un análisis genético podría indicar a un médico que un paciente tiene un perfil X y qué antidepresivo tiene un 90 % de probabilidad de funcionar en este paciente.
En lugar de probar diferentes medicamentos hasta encontrar uno que funcione, podríamos avanzar hacia una medicina más personalizada, basada en las características biológicas de cada persona.
Y esto podría cambiar radicalmente la manera en que diagnosticamos, tratamos y prevenimos la depresión y el suicidio.
La revolución de las ómicas y la inteligencia artificial no significa que ya tengamos todas las respuestas. Significa que, por primera vez, contamos con herramientas capaces de observar la depresión desde múltiples niveles: desde los genes, el ARN y la expresión génica, hasta las células y las complejas interacciones que ocurren en el cerebro.
Todavía falta mucho por comprender, pero la ciencia está comenzando a mirar donde antes no podía hacerlo.
Si conocen personas que padecen depresión, tomen en cuenta que son enfermedades con bases biológicas reales y tienen tratamiento.
06/09/2026
Referencias
Dora, F., Renner, E., Keller, D., Palkovits, M., & Dobolyi, A. (2022). Transcriptome-wide alterations in the dorsomedial prefrontal cortex of suicide victims. International Journal of Molecular Sciences, 23(13), 7067. https://doi.org/10.3390/ijms23137067
Wang, Q., Dwivedi, Y. Recent developments in omics studies and artificial intelligence in depression and suicide. Transl Psychiatry 15, 275 (2025). https://doi.org/10.1038/s41398-025-03497-y
Autor principal
Dr. Enrique López Ramírez
Colaboradores
Dr. Iván Antonio García Montalvo
Dra. Maritza Cruz Atayde
División de Estudios de Posgrado e Investigación
Instituto Tecnológico de Oaxaca.
México